16-03-2026 | Publicado por Principia
Durante décadas, la energía nuclear ha sido un pilar fundamental en la generación fiable de electricidad, proporcionando energía limpia a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, la inversión en tecnología nuclear disminuyó principalmente debido a una combinación de sensibilidades públicas, factores políticos y las consecuencias económicas resultantes. Ahora, al buscar soluciones energéticas sostenibles y seguras, la energía nuclear parece estar resurgiendo con fuerza.
A medida que crece la demanda global de energía limpia y fiable, la energía nuclear ofrece una combinación única de ventajas que la hacen esencial en el mix energético moderno. A diferencia de los combustibles fósiles, los reactores nucleares no producen emisiones de carbono durante su operación. En un mundo que lucha por alcanzar los objetivos de emisiones netas cero y combatir el cambio climático, la energía nuclear proporciona una fuente estable de energía limpia junto con las renovables como la eólica y la solar.
Excepto por la recarga de combustible y el mantenimiento, las centrales nucleares operan de manera continua, lo que las convierte en una de las fuentes de electricidad más fiables. A diferencia de la energía solar y eólica, que dependen de las condiciones climáticas, la energía nuclear ofrece una producción constante, asegurando la estabilidad de la red y la seguridad energética. Además, en una era de incertidumbre energética global, la energía nuclear reduce la dependencia de combustibles importados. Los países que invierten en nuclear pueden garantizar un suministro energético estable, protegiéndose de las fluctuaciones geopolíticas en los mercados de petróleo y gas.
La tecnología nuclear moderna es más segura, eficiente y sostenible que nunca. Los reactores modulares pequeños (SMR), los ciclos avanzados de combustible y los reactores de nueva generación prometen una mayor seguridad y una reducción en la generación de residuos.
En este contexto, Bélgica decidió recientemente extender la operación de los reactores Doel 4 y Tihange 3 hasta al menos 2035, revirtiendo un plan anterior de eliminación gradual. Francia está invirtiendo fuertemente en su flota existente, extendiendo la vida útil de los reactores más allá de los 40 años y planeando construir nuevas plantas EPR2. En Estados Unidos, muchos reactores han recibido extensiones de licencia de hasta 80 años por parte de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC). Japón está ampliando la vida útil de sus reactores más allá del límite anterior de 60 años y reactivando más reactores después de Fukushima. Suecia ha ampliado la vida útil de los reactores existentes y planea construir al menos dos nuevos. Finlandia ha extendido las licencias de operación de sus reactores más antiguos y recientemente ha puesto en marcha Olkiluoto 3, un reactor EPR de nueva generación. Corea del Sur revirtió sus planes anteriores de eliminación de la energía nuclear, optando por extender la vida útil de los reactores más antiguos e invertir en nuevos proyectos.
La tendencia global se está desplazando hacia la prolongación de la vida útil de las centrales existentes y la construcción de nuevos reactores, a medida que los gobiernos reconocen el papel fundamental de la energía nuclear en la seguridad energética, la descarbonización y la estabilidad de la red eléctrica.
Una cuestión recurrente es la gestión del combustible nuclear gastado (SNF) y los residuos radiactivos. A corto plazo, el combustible gastado se almacena en piscinas llenas de agua en los emplazamientos de los reactores, donde el agua proporciona refrigeración y blindaje radiológico. Tras enfriarse en las piscinas unos 5 a 10 años, el SNF puede trasladarse a contenedores secos en los propios emplazamientos o en almacenes centralizados.
La estrategia a largo plazo es el enterramiento permanente en un almacenamiento geológico profundo, ubicado en una formación rocosa estable. El depósito de Onkalo en Finlandia es el primero en estar operativo, con otros planes en marcha en Suecia, Canadá y Estados Unidos.
Los procesos como el piroprocesamiento, la vitrificación, WATSS (Waste to Stable Salt) y otros enfoques similares para la estabilización química del SNF muestran gran potencial para mejorar la gestión de residuos nucleares. Estos procesos tratan de convertir el SNF o los residuos de alta actividad en complejos químicamente estables y no lixiviables, reduciendo los riesgos a largo plazo asociados con su almacenamiento y enterramiento final. Sin embargo, la mayoría de estos métodos están en fase de desarrollo y demostración, por lo que su escalabilidad y costos están aún por confirmar.
También existe la posibilidad de reprocesar el SNF, extrayendo uranio y plutonio para emplearlos en nuevos combustibles. Esto se lleva a cabo en Francia, Rusia y Japón, así como hasta hace poco en el Reino Unido. No obstante, el reprocesado es un proceso costoso y genera preocupaciones en el contexto de la proliferación nuclear.
En Principia, hemos contribuido a muchas de las actividades mencionadas anteriormente, como describíamos en un post anterior. Además, reconocemos el papel fundamental que juega la energía nuclear en la construcción de un futuro energético sostenible y seguro.