Olas asesinas: revisitando los tsunamis

28-09-2026 | Publicado por Joaquín Martí

La gran ola de Kanagawa, ilustración japonesa de un Tsunami

Los tsunamis se encuentran entre los desastres naturales más devastadores, capaces de causar una destrucción generalizada en las costas y comunidades costeras a grandes distancias. Estas enormes olas oceánicas pueden ser generadas por terremotos submarinos, erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra, desplazando grandes cantidades de agua que atraviesan océanos a gran velocidad.

Un tsunami típico se desencadena por un evento sísmico que conlleve desplazamientos verticales importantes del fondo oceánico. Por ello, las zonas de subducción, donde una placa tectónica se hunde progresivamente bajo otra, son los favoritos para la generación de tsunamis.

Los cambios en la elevación de la superficie del agua son inicialmente pequeños (unos 20 o 30 cm), pero viajan rápidamente: su velocidad de propagación es (gh)1/2, donde g es la aceleración de la gravedad y h es la profundidad del agua (con profundidades de 4000 m, viajan a unos 720 km/h). En alta mar, los barcos no notan el paso de un tsunami, pero a medida que las olas se acercan a la costa y el espesor de agua disminuye, la velocidad de propagación se reduce mientras la ola mientras aumenta su amplitud.

La distancia desde la fuente ayuda a reducir los efectos, pero solo moderadamente. Si la ruptura de la falla se extiende por varios cientos de kilómetros, la geometría no ayuda hasta que la distancia a la fuente sea bastante mayor que la longitud de ruptura. Y el otro mecanismo de disipación, la viscosidad, juega aquí un papel menor debido a que los movimientos del agua involucrados en la propagación son relativamente pequeños. El terremoto de Sumatra-Andamán de 2004, producido por una ruptura de falla a lo largo de unos 1.300 km y que causó la muerte de casi un cuarto de millón de personas, es un ejemplo reciente de un gran tsunami generado sísmicamente.

Otros fenómenos naturales, como las erupciones volcánicas y los deslizamientos de tierra, ya sean submarinos o en acantilados costeros, también pueden dar lugar a la formación de tsunamis muy grandes. Pero incluso si son grandes cerca del origen, el carácter local de la fuente provoca su disipación con el aumento de la distancia radial. Ejemplos de tsunamis modernos de este tipo incluyen el asociado con la erupción volcánica de Krakatoa en 1883 y el producido por un fallo de talud costero en la Bahía de Lituya (Alaska) en 1958, que generó una ola inicial de 524 metros.

Las costas españolas se han visto afectadas por algunos tsunamis a lo largo del tiempo. El litoral mediterráneo no es muy problemático, pero los eventos sísmicos de la falla Azores-Gibraltar tienen mayor potencial. De hecho, el tsunami más significativo experimentado en tiempos históricos en España afectó principalmente a Huelva y Cádiz, y en menor medida a Galicia, y fue causado por el llamado terremoto de Lisboa de 1755. Se estima que las subidas del nivel del mar en Andalucía superaron los 10 metros, según indica el catálogo de tsunamis del Instituto Geográfico Nacional.

Principia ha estudiado la peligrosidad y el riesgo de tsunamis en diversas zonas del mundo y con distintos objetivos. Por ejemplo, Principia participó en un estudio sobre la peligrosidad de tsunamis a lo largo de todo el litoral español para la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior.

También hemos realizado este tipo de estudios para otras instalaciones como plantas de gas natural licuado (GNL), refinerías, hoteles, etc., en lugares como Argelia, Perú, el Caribe o las Islas Andamán, la zona donde se desencadenó el terremoto de Sumatra-Andamán antes mencionado. Todos estos proyectos nos han llevado a acumular una experiencia considerable en el análisis de la peligrosidad de tsunamis y en el diseño de estrategias para mitigar el riesgo asociado.

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