27-11-2025 | Publicado por Principia
Cuando acudes a un sitio público, es cada vez más “normal” ver a niños que, mientras succionan su chupete, tienen un dispositivo digital entre las manos que manejan con soltura. Nuestros hijos utilizan pantallas antes de aprender a escribir, pero eso no significa que, al crecer, entiendan la digitalización. Son nativos digitales, sí, pero no necesariamente nativos organizativos.
Porque saber usar la tecnología no es lo mismo que saber transformar con ella. Digitalizar no consiste en conocer herramientas, sino en cambiar la forma en que pensamos, colaboramos y tomamos decisiones; y por eso debemos seguir enseñando digitalización incluso a quienes han crecido con un móvil en la mano.
El verdadero reto no es aprender a usar la tecnología, sino integrarla de forma coherente y sostenible en la manera de trabajar.
Las empresas experimentan esa misma paradoja: invierten en soluciones potentes —PLM, ERP, plataformas colaborativas como 3DEXPERIENCE—, descuidando la formación no técnica, para darse cuenta pronto que la clave no es el software, sino en cómo las personas lo adoptan. La tecnología acelera, pero solo cuando la organización está preparada para moverse con ella.
El 70 % de las transformaciones digitales fracasan por falta de alineación interna o resistencia al cambio. En Principia lo vemos cada día: los proyectos de digitalización que funcionan no son los más grandes ni los más rápidos, sino los que están mejor acompañados.
Según Prosci, los proyectos con una gestión del cambio estructurada tienen seis veces más probabilidades de alcanzar sus objetivos, y las compañías que combinan formación, comunicación y soporte técnico aceleran la adopción entre un 30 % y un 50 %.
Cuando la digitalización se planifica y se acompaña, los beneficios se notan. Las empresas capaces de escalar la fabricación digital logran aumentar la productividad entre un 15 % y un 30 % y reducir los costes de calidad entre un 10 % y un 20 %, según McKinsey.
En casos concretos, la integración de soluciones PLM y entornos MODSIM ha permitido acortar los ciclos de diseño hasta un 40 % (caso IBM/DELMIA) y reducir el time-to-market en torno a un 25 % (caso CALOI, Dassault Systèmes). Estas cifras reflejan una mejora de eficiencia, pero también de confianza: equipos que entienden el propósito del cambio y lo hacen suyo.
El PLM (Product Lifecycle Management) es normalmente el pilar sobre el que se cimenta la transformación digital, ya que permite gestionar el ciclo completo del producto —desde el diseño hasta el servicio postventa— conectando áreas que antes trabajaban en silos. Y con la plataforma 3DEXPERIENCE, esa visión se amplía: todos los equipos trabajan sobre un único dato, en tiempo real, con trazabilidad total. Se gana agilidad, coherencia y capacidad de innovación.
Pero la tecnología, por sí sola, no transforma. Sin acompañamiento, un PLM o una plataforma colaborativa como 3DEXPERIENCE pueden convertirse en sistemas complejos y subutilizados. Con acompañamiento, se convierten en el corazón de una empresa digital, donde las personas comprenden su valor y lo incorporan a su forma de trabajar.
La digitalización no empieza con la tecnología, sino con las personas. En Principia entendemos el acompañamiento como un proceso continuo de aprendizaje, adaptación y mejora: estar cerca de los equipos, ayudarles a interpretar el cambio y a sacar partido de las herramientas es lo que convierte una implantación en una verdadera transformación.
Digitalizar es enseñar a trabajar de otra manera. Y quizás por eso seguimos enseñando digitalización a nuestros hijos: porque el cambio importante no ocurre en la pantalla, sino en cómo aprendemos a pensar con ella.