Durabilidad del hormigón armado en ambientes marinos
Si se diseñan, construyen y mantienen adecuadamente, las estructuras de hormigón armado muestran buena durabilidad en ambientes marinos.
Leer más21-11-2024 | Publicado por Joaquín Martí
Todos los años hay unas cuantas catástrofes. Algunas directamente causadas por el hombre, como las guerras; otras, que llamamos catástrofes naturales, cuyo detonante quizá escape a nuestro control, pero tenemos la capacidad de influir sobre sus consecuencias. Todas conllevan costes en vidas e infraestructuras.
Desde España, algunas catástrofes naturales ocurren lejos, como los huracanes del Caribe o las inundaciones en Derna (Libia) de 2023 o los Apalaches en 2024, apenas nos enteramos por los medios de comunicación. Otras son más cercanas, como las recientes inundaciones en Valencia o el fallo del talud que acaba de sepultar la autopista AP-66 en Asturias.
Ocurran más o menos lejos, las catástrofes naturales son muy llamativas y lógicamente atraen atención cuando se desencadenan. Es algo que no puede criticarse, pero realmente el momento clave para contemplarlas es cuando no están ocurriendo, de forma que podamos prepararnos adecuadamente para cuando lo hagan. Lamentablemente, las medidas suelen tomarse sólo a posteriori y, en el mejor de los casos, sólo sirven para el futuro.
Y ni siquiera siempre. Las inundaciones que Derna sufrió en 1941, y particularmente las de 1959, convencieron a las autoridades de la necesidad de construir presas en el Wadi Derna para controlar su caudal en esos eventos. Dos presas de materiales sueltos con aliviaderos de tipo “morning glory” fueron construidas en los años 70 para ese fin, pero, fuera por diseño inadecuado o deficiencias de mantenimiento, las fuertes lluvias ocurridas en septiembre de 2023 llevaron al fallo de ambas, causando más de 10.000 muertes y la destrucción de gran parte de la ciudad.
En la misma línea, la gran riada de Valencia de 1957 (un fenómeno recurrente en la zona, se cuentan 25 eventos similares desde 1321) causó casi un centenar de muertes y una gran destrucción. Como consecuencia se realizaron obras para desviar al sur el cauce del Turia con capacidad para llevar un caudal considerable. Pero el Plan Sur no hizo lo mismo con el Barranco del Poyo, que es el que ha dado lugar ahora a más de doscientos muertos y una inmensa destrucción.
No es cuestión de extenderse, pero es claro que otro tanto ocurre con los terremotos, los tsunamis, los huracanes, los fallos de talud, etc. Además de evitar pérdidas humanas, que siempre son inaceptables, desde un punto de vista puramente económico suele ser más barato prevenir que curar. Es el motivo por el que conviene pensar en ese tipo de eventos, no cuando están ocurriendo y ya es tarde para actuar, sino cuando están latentes, de forma que su despertar no nos pille desprevenidos.
Y conviene resaltar que muchos de esos eventos pueden hacerse más frecuentes o extremos con el cambio climático, lo que refuerza la importancia y la urgencia de tenerlos en cuenta.
Principia ha acumulado una experiencia considerable en el estudio de este tipo de eventos antes de que ocurran para controlar sus consecuencias, incluidos terremotos, tsunamis, vientos, explosiones, inundaciones y otros desastres, tanto en cuanto a su probabilidad de ocurrencia como en cuanto a sus consecuencias. Si en algo podemos ser útiles en esa línea, será un placer contribuir.