Ingeniería Civil y Cambio Climático
El cambio climático obliga a adoptar un enfoque proactivo en la ingeniería civil, combinando diseño innovador, gestión adaptativa y prácticas sostenibles.
Leer más29-01-2025 | Publicado por Joaquín Martí
El 20 de septiembre Microsoft anunció la firma de un acuerdo de 20 años para comprar energía de una central nuclear inactiva, Three Mile Island, la instalación que en 1979 sufrió fusión parcial en uno de sus reactores. El anuncio evidencia la necesidad de los gigantes tecnológicos de alimentar sus crecientes actividades en inteligencia artificial (IA), a la par que plantea preguntas sobre cómo reactivar de forma segura plantas nucleares cerradas, especialmente si se tiene en cuenta que Three Mile Island no es la única planta en este proceso.
La Central Nuclear de Palisades, de 805 MW, cerró en mayo de 2022. Sin embargo, la compañía energética propietaria, Holtec International, planea reabrirla a fines de 2025, impulsada por un compromiso condicional de crédito de 1.500 millones de dólares del Departamento de Energía de Estados Unidos (DoE), que ve que las centrales nucleares pueden ayudar al país a cumplir sus ambiciosos objetivos climáticos.
Desde 2012 son más de una docena las plantas nucleares que han cerrado en Estados Unidos, a veces como resultado de condiciones económicas adversas. Las plantas menos rentables lucharon por ser competitivas en estados con mercados de electricidad no regulados y precios muy variables. Three Mile Island, propiedad de Constellation Energy, es un claro ejemplo.
La energía nuclear representa alrededor del 9% de la generación eléctrica mundial y ha experimentado cierto resurgimiento, pero compite con otras fuentes de energía como las renovables. Tras el desastre de Fukushima Daiichi en 2011, Japón suspendió las operaciones en las 48 centrales restantes, que están siendo gradualmente reactivadas. En contraste, Alemania anunció la eliminación escalonada de sus plantas nucleares en 2011 y las tres últimas cerraron en 2023.
En Estados Unidos, el destino de la energía nuclear podría estar cambiando: las empresas tecnológicas se apresuran a construir enormes centros de datos que consumen ingentes cantidades de energía para dar soporte a sus sistemas de IA y otras aplicaciones, a la par que tratan de cumplir sus compromisos climáticos. Microsoft, por ejemplo, se ha comprometido a ser negativo en emisiones para 2030.
Cuando Palisades y Three Mile Island cerraron, sus entonces propietarios se comprometieron a interrumpir sus operaciones aunque las licencias siguieran activas. Three Mile Island, que será rebautizada como Centro de Energía Limpia Crane cuando se reactive, cerró el reactor que seguía operativo en 2019.
Al cerrar las plantas, dejaron de realizarse las inspecciones de seguridad. Ahora los reguladores y las empresas deben navegar un proceso complejo de licenciamiento, supervisión y evaluación ambiental para revertir la desactivación de las plantas. Se necesitarán inspecciones de seguridad que garanticen, entre otras cosas, que las plantas pueden operar de manera segura cuando las barras de combustible de uranio vuelvan a sus reactores.
El cierre conllevó la retirada y almacenamiento del combustible radiactivo, por lo que las instalaciones ya no necesitaban cumplir con muchas de las estrictas especificaciones técnicas. No será tarea fácil restablecer las regulaciones de seguridad. Por ejemplo, en Palisades, se han encontrado indicios de fisuras por corrosión bajo tensión en los tubos de los generadores de vapor muy por encima de las estimaciones basadas en el historial de operación: 1.163 tubos, de un total de unos 16.000, muestran esos indicios.
Es probable que no se reactiven muchas más centrales nucleares cerradas, incluso al crecer la demanda de electricidad baja en carbono. Pero eso no significa que todos estos emplazamientos seguirán en desuso. Una posibilidad es construir reactores avanzados —tanto grandes reactores con características de seguridad mejoradas como pequeños reactores modulares con diseños innovadores— en emplazamientos que en su día albergaron otras plantas, aprovechando las líneas de transporte e infraestructura existentes.
Por cierto, lo anterior lleva a reflexionar por qué algunos países optan por cerrar sus reactores o se niegan a extender su vida operativa, mientras otros consideran revivir los que fueron desmantelados.
Este post está extraído en gran parte de un artículo de Scientific American publicado el 2 de octubre de 2024.